Izo la bandera blanca en tu honor. El verano pasado izábamos la bandera negra cuando nos poníamos solidarios y apoyábamos desde la mar a colectivos que protegen la bahía, su paisaje y paisanaje, su herencia y legado de corruptos políticos...
-sociópatas, decías sonriendo.
Ya no fumabas y aun sabiéndote cansado, evitabas parecerlo mientras estabas a bordo.
También izamos la bandera roja
-la bucanera, la que nos hacía sentir libres en este Cantábrico amable en los días que compartimos y en los que nos relatabas borrascas y calmas, sinsabores de pescador, anécdotas de patrón, vida de marino... mientras con mimo y arte empatabas las entonces penosas amarras del Narval que ahora se conservan gracias a tu esmero. Las tejías, mientras por el través de estribor, bordeábamos el imponente cabo Ogoño, que tanto nos recordó al Buciero. ¡Que agradables momentos y cuanto aprendimos de tu ir y venir por mares y océanos...!