La tarde es luminosa con ese tono otoñal que da mate a los colores, pero según enfilamos la salida de Raos vemos acercarse nubes bajas desde la bocana del puerto, allá al frente.
Van bajando mas y mas y avanzando a ras de agua, nublándonos todo lo que queda ante nosotros, como si de una gran tiza blanca se tratara que también nos fuera a borrar engulléndonos.
El juego de luces con el sol detrás y la niebla cubriendo por delante agua, costa, edificios, todo, es mágico. Un espectáculo natural que nos admira y que admiramos. Una imagen que nos conmueve.
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En un momento nos rodea la niebla y quedamos sin referencias. Ninguna. A penas vemos unos metros alrededor. Encendemos las luces de navegación , sacamos y hacemos sonar la bocina, ¡que extraño no ver nada!. Suenan motores de avión y
