Primer fin de semana de noviembre, 2018.
Parece que entre el sábado y el domingo hay tregua de lluvia y viento entre Santa Marina y el Buciero. Una singladura deseada desde el verano y pospuesta por menudencias, así que a pesar de que ya hay pocas horas de luz, nos pusimos a la tarea de hacerla sin más preparativos.
Los acantilados que franquean la playa fueron pasando ante nuestra vista ahora alejándonos, ahora volviendo, bordo hacia el norte, bordo hacia la costa.
Los Picos de Europa, nevados, sobresalen por encima de la ciudad agrandándose mientras nos alejamos del abra, como si de guardianes míticos se tratara que bajo sus faldas toman en protección a la ciudad de Santander cada vez más pequeña, más recóndita, menos expuesta.
Cabo Quintres por la amura de estribor. Diríase que tan imponente acantilado, casi vertical, al que el verde tiñe hasta la línea de marea, nos mira hostil.
Llevamos una hora de navegación y no conseguimos pasarle a la popa. El

