Vacunas, buen tiempo, incertidumbre acumulada y el virus y sus condicionantes se desdibujan.
Presa también de ese hastío, esa angustia sutil pero martilleante, ese irnos separando, distanciándonos de lo conocido, de lo vivido ocurre que lo previsible se torna imprevisto y aparece como seguro lo improbable...
En esta inquietud no consciente, en este estado de ansiedad colectiva, esperamos un camino que resulte o nos parezca real, aunque sea un sueño.
Así estaba, ensimismada entre cabos y mareas cuando del negro sobre negro surgió la voz escrita, como si de Eva se tratara, entre anónima y espectral, recordándome que si, que debía dar unos pasos para encontrar el camino y volver a la mar. A la de la vida.
A tomar rumbo y aunque siga peleando con la deriva y el abatimiento, soltar amarras del miedo y la contención, desplegar velas y reiniciar el momento y su derrota.